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Libertinaje, Inquisición y Comunismo

Libertinaje, Inquisición y Comunismo

El tema de esta anotación no es el que se pueda sugerir con el título. Trata, más bien, de un error muy común que lleva a tres posiciones a la vez muy comunes y erróneas, que he llamado libertinaje, inquisición y comunismo.

El error es el de confundir lo legítimo con lo moral.

Las acciones legítimas son las que se ajustan al derecho natural. Las que se hacen estrictamente en el ámbito de la propia persona o de la propiedad que se ha adquirido legítimamente. O las que en su interacción con las personas o propiedades ajenas se hacen desde la cooperación voluntaria, no desde la coacción.

Pero no se agotan aquí las posibilidades de juicio de una acción. También se puede juzgar desde la moral, un conjunto de normas que cargan los comportamientos con un significado positivo o negativo, y que son compartidas por una parte de la sociedad.

Mientras que lo que sea legítimo o no entra dentro de la ética del derecho natural y sus leyes son inmutables, la moral suele ser más restrictiva, pero tiene un carácter subjetivo (aunque no necesariamente arbitrario) y cambiante. De este modo, una norma moral que tuvo en un momento histórico un sentido, puede perderlo por completo con el paso del tiempo, o con su aplicación a sociedades distintas. Como ejemplo se puede citar la condena cristiana del divorcio, que cuando fue adoptada por la moral cristiana defendía a la parte más débil, la mujer, que por entonces quedaba absolutamente desprotegida y desamparada de consumarse el divorcio. Pero la situación actual es completamente distinta. El robo, la conscripción, el asesinato, son siempre ilegítimos, independientemente de las circunstancias o del momento histórico.

La diferencia entre ambos conceptos debería ser clara, pero muchos los confunden, dando lugar a dos posiciones erróneas.

I- El Libertinaje. Es como podríamos llamar a la identificación de lo legítimo con lo moral y decir en consecuencia no se le puede criticar, porque tiene derecho a hacerlo. Uno tiene todo el derecho a la total promiscuidad (a k sí xD), o al despilfarro de los fondos propios, o al abuso del consumo de drogas. Pero sin llegar a prohibir lo que es legítimo sí se puede decir, en determinados casos, que tal o cual comportamientos son inadecuados o inmorales. Por ejemplo, la creación de un club en el que no se dejen entrar más que a hombres, o se niegue la entrada a negros (como aquél al que perteneció, hasta que le denunciaron, Bill Clinton). O los bares en España en los que no entran más que colombianos, como ocurre en algún pueblo de las afueras de Madrid. En estos últimos casos tienen todo el derecho a reservar la entrada con el criterio que elijan (en este caso el racista), pero hay quien lo considera inmoral. Curiosamente, el libertinaje suele caer en la perversión de considerar inmoral que alguien condene moralmente los comportamientos legítimos de los demás. Cuando dar opiniones morales de comportamientos ajenos es perfectamente legítimo.

II- La Inquisición. Es la interpretación contraria del mismo error. Considerar a todo lo inmoral como ilegítimo. Y dar el paso de prohibir lo que se considera inmoral. Es un error de lo más común. Un caso claro es el de la Iglesia con el divorcio, cuando tenía poder para imponer por ley su moral. Pero los ejemplos son innúmeros. Muchos son los que quieren prohibir los toros, el consumo de drogas, o la expresión de opiniones que les parecen que atentan comtra los derechos de otros, como el nacionalsocialismo o el comunismo.

III- El Comunismo. Una actitud que practican muchos; quienes cuando denuncian lo mismo a otros lo hacen acusándoles de fascismo, que sería otra forma de llamarlo. Con comunismo me refiero a una actitud en la que se va un paso más allá. No es ya que se prohíba un comportamiento que se considera inmoral, sino que de impone otro, que se considera moral. Es una posición especialmente grave, porque la prohibición de un comportamiento deja libres todas las opciones no proscritas. Pero la prescripción obligatoria de un comportamiento no deja segundas opciones, por lo que es especialmente opresivo. Es el caso del Estado que obliga a los jóvenes a la conscripción; al alistamiento en el ejército (en su momento). O de quienes quieren imponer por la fuerza su moral prohibiendo las exhibiciones de cines y espectáculos en la Semana Santa, como ocurría antes. O quienes como ahora, con el mismo desprecio por la libertad humana, quieren imponer su moral forzando la discriminación positiva o la ayuda a unos por medio de los impuestos.

Los liberales identificamos y condenamos estos errores, que de evitarse permitirían una sociedad a la vez más libre y más ordenada.

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